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Tecnología sin criterio no es sostenible: ¿Por qué la planificación importa más que la herramienta?

Sandy Meza, District Scheduling Manager de Kiewit: En muchos proyectos, la tecnología se implementa de forma reactiva, cuando los problemas ya son evidentes y las decisiones están condicionadas por compromisos previos. En ese escenario, las herramientas digitales suelen limitarse a documentar desviaciones, justificar retrasos o reportar impactos que ya ocurrieron.

24/12/2025
Sandy Meza
Redacción Simalco
Redacción Simalco

Por Sandy Meza, District Scheduling Manager de Kiewit

En la conversación sobre sostenibilidad en infraestructura, la atención suele concentrarse en tecnologías emergentes, materiales innovadores y soluciones digitales cada vez más sofisticadas. Sensores, modelos digitales, automatización e inteligencia artificial aparecen con frecuencia como sinónimos de proyectos más responsables. Sin embargo, rara vez se discute dónde se toman realmente las decisiones que determinan el impacto ambiental de una obra.

En la práctica, la brecha no está en la tecnología disponible, sino en la calidad del criterio aplicado durante la planificación.

La planificación de proyectos sigue siendo una de las herramientas más poderosas —y al mismo tiempo más subestimadas— para lograr sostenibilidad real. No por falta de capacidad técnica, sino porque su impacto ocurre de forma silenciosa, mucho antes de que la obra sea visible y antes de que cualquier indicador ambiental pueda medirse.

Tecnología reactiva vs. planificación predictiva

En muchos proyectos, la tecnología se implementa de forma reactiva, cuando los problemas ya son evidentes y las decisiones están condicionadas por compromisos previos. En ese escenario, las herramientas digitales suelen limitarse a documentar desviaciones, justificar retrasos o reportar impactos que ya ocurrieron.

Desde una perspectiva técnica y de negocio, el verdadero valor de la tecnología aparece cuando se utiliza de manera predictiva, durante la planificación, para comparar escenarios, evaluar secuencias alternativas y anticipar riesgos antes de que se materialicen. La diferencia no es tecnológica, sino temporal: usar datos para decidir temprano reduce impacto; usarlos tarde solo permite medirlo.

El impacto ambiental empieza antes de la obra

Antes de que una excavadora llegue al sitio, ya se han definido elementos clave que condicionan el consumo de recursos, la duración del proyecto y su impacto sobre el entorno. La secuencia constructiva, los plazos contractuales, la lógica de ejecución y la gestión de riesgos influyen directamente en la cantidad de retrabajo, en la movilización de maquinaria y en el uso de energía de forma indirecta.

Una planificación deficiente suele traducirse en retrabajos por interferencias no detectadas a tiempo, extensión innecesaria del uso de equipos de alto consumo, incremento en el transporte de materiales y personal, cambios tardíos que generan desperdicio y mayor presión sobre las comunidades cercanas al proyecto.

Estos efectos rara vez aparecen en los reportes de sostenibilidad, pero forman parte central de la huella ambiental real de una obra.

Tecnología sin criterio no reduce impacto

El avance de las herramientas digitales ha sido notable. Hoy existen plataformas capaces de simular escenarios, analizar grandes volúmenes de datos y generar cronogramas complejos en cuestión de minutos. Sin embargo, la tecnología por sí sola no garantiza mejores resultados.

Un cronograma generado automáticamente, sin análisis de riesgos ni comprensión del contexto constructivo, puede ser tan insostenible como uno elaborado sin experiencia técnica. La diferencia no está en la herramienta, sino en cómo se utiliza.

La tecnología aporta valor cuando se emplea para evaluar escenarios antes de comprometer recursos, identificar cuellos de botella en fases tempranas, tomar decisiones informadas bajo incertidumbre y ajustar secuencias con base en datos reales, no en supuestos optimistas. Cuando se usa de manera reactiva, su capacidad para reducir impacto ambiental es limitada.

La planificación como tecnología silenciosa

A diferencia de otras soluciones visibles, la planificación no suele aparecer en renders ni en campañas de comunicación. Sin embargo, funciona como una forma de tecnología aplicada que incide de manera profunda en el desempeño del proyecto.

Una planificación rigurosa permite reducir la duración total del proyecto, minimizar interferencias entre disciplinas, evitar el uso prolongado de maquinaria pesada, optimizar ventanas de trabajo y logística, y anticipar riesgos antes de que se conviertan en impactos reales.

Estas mejoras se traducen en menos emisiones indirectas, menor desperdicio y un impacto social más controlado, sin necesidad de modificar materiales ni incorporar soluciones adicionales al final del proceso.

Decisiones tempranas, impacto medible

Diversos análisis coinciden en que un alto porcentaje del impacto ambiental de un proyecto se define en sus fases iniciales. Es en la planificación donde existe mayor flexibilidad para evaluar alternativas y donde el costo de ajustar decisiones es significativamente menor.

Invertir tiempo y recursos en planificación avanzada no es solo una decisión técnica o económica. Es una decisión estratégica que condiciona la sostenibilidad del proyecto en su conjunto. La paradoja es clara: mientras más tarde se intenta corregir el impacto ambiental, mayor es el costo y menor la efectividad de las medidas implementadas.

Repensar la sostenibilidad en infraestructura

Si la sostenibilidad se aborda únicamente desde la adopción de nuevas tecnologías, sin revisar los procesos que las sustentan, el resultado será superficial. Para que la tecnología tenga un impacto real, debe estar al servicio de una planificación estructurada, basada en datos, experiencia y análisis crítico.

La planificación no es una etapa administrativa secundaria. Es una herramienta de decisión con consecuencias ambientales, sociales y económicas. En un sector donde la innovación suele asociarse con lo visible, conviene recordar que algunas de las transformaciones más efectivas ocurren lejos de los reflectores.

La verdadera brecha en sostenibilidad no está entre proyectos con más o menos tecnología, sino entre aquellos que toman decisiones tempranas con criterio y los que reaccionan cuando ya es tarde. La planificación no es una etapa menor del proyecto: es el espacio donde se define, de forma silenciosa, su huella ambiental. Todo lo demás es consecuencia.

Sobre la autora

Sandy Meza es ingeniera civil especializada en planificación estratégica y control de proyectos de infraestructura. Actualmente se desempeña como District Scheduler en proyectos de agua y saneamiento, donde lidera el desarrollo de propuestas de proyecto, la creación de cronogramas base y la implementación de procesos estandarizados para optimizar desempeño y cumplimiento regulatorio. Su experiencia integra análisis de riesgos, toma de decisiones tempranas y uso estratégico de tecnología para mejorar la sostenibilidad y eficiencia operativa en proyectos de infraestructura.

Perfil de LinkedIn:
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