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9/9/2026

Miguel González, de ABB México: “IA, automatización y electrificación ya no pueden operar como agendas independientes”

La inteligencia artificial, la automatización y la electrificación están dejando de ser procesos independientes. El crecimiento de los centros de datos, la digitalización industrial y la necesidad de operar con mayor eficiencia están obligando a las empresas a replantear la infraestructura energética que sostiene su operación, explica Miguel González, de ABB México.
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Carmen Pizano
Carmen Pizano

La transformación industrial está entrando en una etapa en la que inteligencia artificial, automatización y electrificación dejan de avanzar por caminos separados. El crecimiento de los centros de datos, la digitalización de las plantas y la sustitución de procesos basados en combustibles fósiles por sistemas eléctricos están aumentando la dependencia de una infraestructura energética que debe ser cada vez más eficiente, resiliente y capaz de responder en tiempo real.

Para Miguel González, Líder Comercial de Electrificación para Smart Buildings y Smart Power en ABB México, el cambio parte de una premisa sencilla: contar con electricidad ya no es suficiente.

“Hace muchos años lo importante para una industria era que estuviera electrificada, que tuviera energía eléctrica y hasta ahí. Ahora eso ya no es suficiente”, señaló.

La nueva exigencia, explicó, consiste en disponer de energía segura, administrable y resiliente. Esto cobra especial relevancia conforme las empresas incorporan más automatización, inteligencia artificial, sensores y sistemas digitales a sus operaciones.

“Ya no es únicamente electrificar. Debemos llevar energía eléctrica segura, que podamos gestionar y que también nos permita ser resilientes”, afirmó González.

La IA también plantea un desafío energético

La expansión de la inteligencia artificial está haciendo particularmente visible esta convergencia. Detrás de los modelos, aplicaciones y servicios digitales existe una infraestructura física de centros de datos que requiere grandes cantidades de electricidad y, sobre todo, continuidad en el suministro.

González señaló que tan solo Querétaro cuenta con alrededor de 650 MW de capacidad instalada asociada a centros de datos y que se prevé que esta infraestructura pueda duplicarse durante los próximos dos o tres años.

El crecimiento coloca a la energía como una variable central de la expansión digital. Un centro de datos puede incorporar servidores más potentes y nuevas capacidades de inteligencia artificial, pero su operación depende de contar con infraestructura eléctrica capaz de soportar esa demanda de manera continua.

La misma lógica aplica a hospitales, telecomunicaciones, servicios financieros y plantas industriales. Conforme aumenta la digitalización, una interrupción eléctrica deja de afectar solamente equipos físicos: puede detener procesos productivos, comunicaciones, transacciones y servicios críticos.

Por ello, González considera que la electrificación debe incorporar conceptos que antes podían analizarse por separado, como continuidad operativa, resiliencia y ciberseguridad.

De consumir energía a administrarla con IA

La relación entre inteligencia artificial y energía, sin embargo, funciona en ambos sentidos. La IA incrementa la necesidad de infraestructura eléctrica, pero también puede utilizarse para hacer más eficiente su consumo.

González explicó que actualmente existen modelos capaces de identificar patrones de consumo en instalaciones industriales y utilizar esa información para optimizar diferentes sistemas.

En una planta, edificio o centro de datos, por ejemplo, la inteligencia artificial puede analizar información proveniente de sistemas de ventilación, aire acondicionado, refrigeración o bombeo de agua y relacionarla con las necesidades reales de la operación.

“Lo que permiten estos sistemas y estos modelos de inteligencia artificial, aparte de medir, es determinar los consumos y también hacerlos más eficientes”, explicó.

La combinación con sensores e Internet de las Cosas permite llevar este proceso un paso más adelante. En lugar de limitarse a mostrar cuánta electricidad utiliza una instalación, los sistemas pueden analizar datos y coordinar diferentes componentes de la infraestructura de acuerdo con la producción prevista.

“Es una serie de componentes inteligentes, software muy avanzado y modelos de inteligencia artificial que permiten estar analizando los datos en tiempo real y tomando decisiones también en tiempo real”, señaló González.

El cambio es relevante porque desplaza la conversación desde medir el consumo hacia decidir qué hacer con esa información.

La energía entra en la ecuación de competitividad

Esta convergencia también tiene una consecuencia financiera. Para las industrias intensivas en electricidad, administrar mejor la energía puede repercutir directamente en sus costos operativos.

“Cada kilowatt que ellos puedan ahorrar, cada kilowatt que puedan hacer más eficiente, representa un ahorro significativo”, afirmó González.

En sectores con consumos elevados, las eficiencias acumuladas pueden modificar la estructura de costos de una operación. González señaló que determinadas soluciones pueden alcanzar ahorros de entre 30% y 40%, dependiendo de la aplicación y de las condiciones de cada instalación.

El efecto, explicó, puede trasladarse directamente a la rentabilidad.

Una empresa puede mejorar sus márgenes sin necesariamente aumentar precios o ampliar su capacidad de producción, sino reduciendo el costo energético necesario para producir lo mismo.

Esta variable cobra particular importancia en industrias como acero, manufactura, alimentos y bebidas o centros de datos, donde la electricidad representa una parte significativa de los gastos operativos y puede influir en la competitividad frente a productores de otros mercados.

Electrificar la industria aumenta la presión sobre la red interna

A esta tendencia se suma otro proceso: actividades industriales que tradicionalmente dependían de combustibles fósiles están migrando hacia tecnologías eléctricas.

González mencionó el caso de hornos que anteriormente utilizaban gas natural, coque u otros combustibles y que comienzan a ser sustituidos por sistemas eléctricos.

“Estamos viendo ahora en todo el mundo que se están adoptando los sistemas eléctricos, se están dejando los combustibles fósiles”, explicó.

La transición puede contribuir a reducir el uso directo de determinados combustibles, pero también significa que una mayor proporción de la operación industrial dependerá de la electricidad.

“Con mayor razón, esta parte de electrificación está tomando más relevancia”, sostuvo González.

La consecuencia es que electrificar más procesos obliga también a prestar mayor atención a la calidad, continuidad y administración de la energía.

El nuevo riesgo: una industria más conectada también es más vulnerable

La digitalización de la infraestructura eléctrica introduce además otra variable: la ciberseguridad.

A medida que interruptores, sensores, plataformas de administración energética y equipos industriales se conectan entre sí, la infraestructura eléctrica comienza a formar parte del ecosistema digital de una compañía.

González señaló que esta evolución obliga a pensar en sistemas capaces no solo de responder ante fallas físicas o fenómenos externos, sino también de proteger la operación frente a amenazas digitales.

El concepto de resiliencia se amplía así. Ya no se trata exclusivamente de recuperar el suministro después de una interrupción, sino de mantener funcionando una infraestructura donde electricidad, software, comunicaciones y automatización están cada vez más vinculados.

Una sola conversación industrial

El resultado es un cambio en la conversación industrial. Automatización, inteligencia artificial y electrificación dejan de operar como agendas independientes.

Una planta puede automatizar procesos, pero necesita energía confiable para mantenerlos funcionando. Puede incorporar inteligencia artificial, pero requiere infraestructura digital y eléctrica para ejecutar esos modelos. Y puede electrificar procesos que antes utilizaban combustibles fósiles, pero deberá administrar una demanda eléctrica cada vez mayor.

Al mismo tiempo, las fronteras entre estas tecnologías comienzan a diluirse: la automatización genera datos; la inteligencia artificial los analiza y permite tomar decisiones; y la infraestructura eléctrica ejecuta y sostiene buena parte de esos procesos.

La transformación industrial, por tanto, ya no pasa únicamente por incorporar más tecnología, sino por conseguir que estos sistemas funcionen como un ecosistema.

En esa convergencia, la energía adquiere una posición distinta. Deja de ser únicamente un insumo que aparece dentro de los costos operativos y se convierte en una infraestructura que puede determinar cuánto puede digitalizarse, automatizarse y crecer una operación industrial.

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