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16/9/2026

Antonio Neri, de DEACERO: “La siderurgia debe evolucionar de procesos automatizados a operaciones inteligentes”

El director de Innovación de DEACERO explica por qué la transformación de la siderurgia no consiste únicamente en automatizar procesos. El siguiente salto está en conectar datos, energía, producción, materias primas y mantenimiento para construir operaciones capaces de responder a condiciones cambiantes.
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Carmen Pizano
Carmen Pizano

La industria siderúrgica lleva décadas automatizando líneas de producción, utilizando sistemas de control y generando grandes volúmenes de datos. Para Antonio Neri, director de Innovación de DEACERO, el cambio que comienza a plantear la inteligencia artificial va más allá: pasar de procesos que ejecutan instrucciones previamente definidas a operaciones capaces de aprender y adaptarse.

“Automatizar un proceso es ejecutar más rápido una decisión que ya tomó una persona”, explica Neri. “Una operación inteligente es tomar decisiones, aprender y reconfigurarse a sí misma ante condiciones que nadie programó”.

La diferencia resulta particularmente relevante en una industria intensiva en capital, energía y materias primas, donde pequeñas mejoras en productividad, costos y utilización de activos pueden tener efectos importantes sobre el negocio, por ello, en DEACERO la innovación no comienza necesariamente preguntándose cuál es la tecnología más avanzada disponible.

“Nosotros no buscamos la tecnología que sea la punta de lanza para resolver. Lo que hemos estado buscando e insistiendo mucho es buscar bolsas de valor y después preguntarnos si la tecnología, la inteligencia artificial o cualquier otro tema es la palanca correcta para capturarlo”, señala.

La compañía analiza oportunidades relacionadas con costos, servicio, rentabilidad y conocimiento del mercado para posteriormente determinar qué herramientas pueden resolver cada problema.

De automatizar a decidir

La automatización industrial no es nueva para la siderurgia. Sistemas de control, PLC y procesos automatizados operan desde hace décadas en plantas industriales.

El nuevo desafío, según Neri, consiste en introducir capacidad de decisión en una operación donde numerosas variables cambian constantemente. Un ejemplo sería una modificación en la calidad de la chatarra utilizada como materia prima, una variación en la tarifa eléctrica o un cambio en la demanda de determinados productos.

Una operación inteligente podría utilizar esa información para modificar ritmos y secuencias de producción e incluso determinar cuándo resulta conveniente detener determinados procesos ante un incremento del costo energético “La automatización como tal es algo determinista: pongo una entrada y me genera una salida. El salto de la operación inteligente es completamente diferente”, explica.

Para Neri, se trata de avanzar hacia procesos capaces de ajustarse utilizando información, modelos probabilísticos y una visión sistémica de la operación.

La IA todavía está en una etapa incipiente

Pese al avance acelerado de la inteligencia artificial, Neri considera que la industria todavía está dando los primeros pasos hacia ese modelo, actualmente existen soluciones dirigidas a problemas específicos, pero todavía falta conectarlas para construir procesos inteligentes de punta a punta “Hoy estamos con algunos pasos incipientes en términos de algunas tecnologías que están comenzando a moverse hacia allá”, reconoce. “No estamos ahí, pero sí hay cosas que van a cambiar”.

DEACERO, por ejemplo, está realizando pruebas relacionadas con la identificación y clasificación de chatarra mediante cámaras y herramientas de inteligencia artificial. El objetivo potencial va más allá de reconocer el material que ingresa a los patios de materias primas. Esa información podría posteriormente conectarse con los planes de producción y, eventualmente, con decisiones de mantenimiento y demanda.

Ahí aparece uno de los principales desafíos que Neri identifica para los próximos años: conectar procesos que actualmente comienzan a incorporar inteligencia de manera aislada “Hoy se está empezando a atacar soluciones enfocadas a ciertas partes del proceso. El reto hacia adelante es poder conectar el todo”, sostiene.

Neri estima que en un horizonte de aproximadamente cinco años estas capacidades podrían comenzar a producir resultados distintos a los actuales “La tecnología está avanzando mucho más rápido de lo que nos estamos dando cuenta. La inteligencia artificial está acelerando muchísimo lo que las organizaciones pueden llegar a hacer”.

Energía: una variable cada vez más crítica

La transformación tecnológica ocurre además en un contexto de creciente presión sobre la disponibilidad energética. En una siderúrgica, contar con previsibilidad sobre energía, materias primas y otros insumos es indispensable para organizar la producción. Sin embargo, Neri observa que la expansión de nuevas cargas tecnológicas está incrementando la competencia por este recurso.

“El acceso a la energía es más complicado por la alta demanda que está creciendo”, señala, al mencionar específicamente el incremento del poder de cómputo requerido por la inteligencia artificial.

Para empresas intensivas en energía, esta dinámica incorpora otra variable a la planeación industrial.

La paradoja es relevante: la inteligencia artificial puede contribuir a optimizar procesos industriales, pero al mismo tiempo la infraestructura que la soporta está elevando la demanda energética que compite con otras industrias.

El otro cuello de botella: combinar tecnología y conocimiento industrial

La transformación tampoco depende exclusivamente de infraestructura y software. DEACERO enfrenta otro desafío: encontrar profesionales que combinen conocimiento tecnológico con entendimiento profundo de los procesos siderúrgicos.

“Hay talento que está emergiendo, hay talento que está aprendiendo utilizando la tecnología, pero lo que está en el mercado carece del entendimiento y la profundidad del conocimiento del negocio”, explica Neri.

La empresa ha optado por combinar dos perfiles.

Por una parte, colaboradores con 20 o incluso 30 años dentro de la organización, que conocen plantas, proveedores, clientes y procesos. Por otra, profesionales que llegan con conocimientos en tecnologías emergentes.

“Encontrar el talento listo ahora para poder resolver temas de procesos productivos o de manufactura, con tanta automatización y con la cantidad de datos que se generan, es complicado”, afirma.

Para Neri, pretender reunir todo ese conocimiento en una sola persona resulta difícil. La alternativa es construir equipos donde experiencia industrial y nuevas capacidades tecnológicas se complementen.

Economía circular conectada con tecnología

La gestión de la chatarra añade otra dimensión al proceso de transformación.

En las acerías que utilizan hornos de arco eléctrico, la chatarra constituye una materia prima fundamental y forma parte de un circuito de economía circular en el que el acero puede reincorporarse nuevamente al proceso productivo.

“Eso habilita una economía circular”, señala Neri.

Pero la oportunidad tecnológica consiste ahora en conectar esa cadena con el resto de la operación: desde la identificación y adquisición de la materia prima hasta su impacto en producción, consumo energético y entrega del producto terminado.

“Integrar todo esto con una vista holística va a dar una perspectiva diferente de la industria, de la forma de hacer negocios y de las distintas soluciones que podemos llevar a los mercados”, anticipa.

Una industria llena de problemas por resolver

Para Neri, esta transformación también abre oportunidades para una nueva generación de ingenieros y especialistas tecnológicos.

Aunque las empresas de software y tecnología suelen resultar más visibles para los jóvenes, considera que una planta siderúrgica presenta problemas de ingeniería considerablemente más diversos de lo que puede percibirse desde fuera.

Sensores, motores, vibraciones, mantenimiento predictivo, electrónica, sistemas de control, energía, datos e inteligencia artificial conviven dentro de una misma operación.

“Una empresa de manufactura de capital intensivo, con procesos de manufactura tan complejos, tiene cualquier cantidad de problemas y retos que cuando uno los ve desde afuera pudieran llegar a ser invisibles”, explica.

Neri, ingeniero en sistemas electrónicos con una maestría en administración de telecomunicaciones, reconoce que él mismo no imaginaba al comienzo de su carrera que terminaría trabajando en la industria siderúrgica.

La experiencia cambió su perspectiva.

“Cuando uno entra a una acería y ve el proceso de producción y el proceso de fusión, entiende la magnitud de una empresa como esta”, señala. “Es una industria apasionante y uno nunca deja de aprender”.

Para DEACERO, el siguiente capítulo de esa industria no parece consistir en sustituir simplemente procesos existentes con inteligencia artificial. El desafío será conectar la experiencia acumulada durante décadas con datos y tecnologías capaces de convertir una planta automatizada en una operación que también pueda aprender, anticiparse y adaptarse.

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