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18/2/2026
Adriana Baravalle, SyapsIA: “La inteligencia artificial ya es indispensable para proteger el ciberespacio”
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En 2025, el costo global del cibercrimen superó los US$10 billones y cada 39 segundos ocurre un nuevo ataque informático en algún punto del planeta. En este escenario de hiperconectividad y dependencia digital, la ciberseguridad dejó de ser un asunto técnico para convertirse en un eje estratégico de la economía, la política y la vida cotidiana. La inteligencia artificial (IA) aparece como una pieza clave en esta nueva frontera de defensa, donde las amenazas son constantes, más sofisticadas y, muchas veces, invisibles para los métodos tradicionales de detección.
“Estamos viviendo en un ciberconflicto permanente, recibiendo amenazas dentro de lo que se denomina el quinto dominio: el ciberespacio. Se trata de un entorno creado por el ser humano, donde todo está interconectado y donde los datos se han convertido en uno de los activos más valiosos, codiciados y objeto de robo. Es una realidad que afecta a todas las industrias”, comenta Adriana Baravalle, directora académica de SyapsIA – Instituto de IA Aplicada y vicerrectora de Vinculación de la Universidad Austral.
Industrias críticas como la salud, las finanzas, las infraestructuras estratégicas y los servicios esenciales se encuentran especialmente expuestas. Los ataques a sistemas hospitalarios, dispositivos médicos o plataformas financieras no solo generan pérdidas económicas, sino que impactan directamente en la vida de las personas. La ciberseguridad, por lo tanto, ya no es solo un problema tecnológico: es también un problema social, ético y estructural.
“Quienes estamos del lado defensivo tenemos que formarnos de manera permanente, diseñar y adaptar tanto a las personas como a los sistemas con el apoyo de la IA, para estar preparados para lo que viene. Del lado ofensivo, la creatividad es enorme y nos sorprenden —diría que a diario— con nuevas estrategias para vulnerar sistemas”, señala la especialista.
El rol de la IA en la defensa digital
La incorporación de inteligencia artificial en los sistemas de ciberseguridad responde a una necesidad concreta: la imposibilidad humana de monitorear de manera continua volúmenes masivos de datos en tiempo real. La velocidad de generación, transmisión y procesamiento de información exige capacidades automatizadas.
El objetivo no es alcanzar una seguridad absoluta —que, en términos técnicos, no existe—, sino reducir el riesgo, anticipar amenazas y fortalecer las barreras defensivas. En paralelo, los atacantes también utilizan tecnologías avanzadas, lo que convierte al ecosistema digital en un entorno de innovación permanente, tanto en defensa como en ataque.
“Hoy los sistemas trabajan 24/7, los 365 días del año. La IA funciona como un agente virtual que monitorea, detecta anomalías y emite alertas en tiempo real, incluso en situaciones que pueden pasar inadvertidas para el ojo humano. No se puede securizar al 100 %, pero sí reducir la superficie de ataque y ganar tiempo. Se lo hacemos más difícil al atacante”, explica Baravalle.
El factor humano: el eslabón más débil del sistema
A pesar de los avances tecnológicos, la especialista es clara: el mayor riesgo en ciberseguridad sigue siendo el factor humano. “El eslabón más débil en ciberseguridad es la persona. Se puede contar con un grupo de expertos, pero es fundamental que toda la organización —desde el personal operativo hasta el CEO— sea consciente de que existen riesgos cibernéticos”, afirma.
La formación, la cultura organizacional y la ética digital se vuelven tan relevantes como los sistemas automatizados. La tecnología, advierte Baravalle, es de uso dual: puede generar enormes beneficios, pero también puede ser utilizada para causar daño. Por eso, el desarrollo de profesionales con sólidos valores éticos es tan importante como la capacitación técnica.
Un sector en expansión estratégica
La demanda de especialistas en ciberseguridad es alta y en crecimiento, superando ampliamente la oferta de profesionales formados. Esto convierte al sector en un espacio estratégico no solo desde el punto de vista tecnológico, sino también educativo, económico y productivo.
“Actualmente hay muy pocos profesionales y la realidad es que la formación requiere mucho tiempo y esfuerzo, así como la preparación de equipos interdisciplinarios especializados, tanto en datos como en ciberseguridad”, señala la académica.
Por este motivo, las universidades están trabajando en la reconversión de sus programas de estudio y en el lanzamiento de carreras alineadas con esta demanda creciente.
En ese marco nació SyapsIA, la iniciativa estratégica de inteligencia artificial de la Universidad Austral, cuya dirección académica está a cargo de Baravalle. El proyecto comenzó con el objetivo de funcionar como un observatorio de IA y de formar profesionales con valores éticos para el diseño y uso responsable de una tecnología de uso dual, capaz de generar tanto impacto positivo como negativo. Con el tiempo, y a partir de nuevas oportunidades y demandas, la iniciativa incorporó proyectos de innovación y emprendedurismo impulsados por el propio alumnado.
“Los ayudamos a dar forma a sus ideas, a diseñar el modelo de negocio y les brindamos asesoramiento en finanzas y en patentes, para que puedan resguardar los derechos sobre sus desarrollos”, explica Baravalle.
La articulación entre la industria, la academia y el sector público aparece como un eje central para construir capacidades sostenibles en defensa digital. En un mundo cada vez más interconectado, la ciberseguridad ya no es un área técnica aislada: es un pilar estructural del desarrollo.
En ese escenario, la inteligencia artificial no es solo una herramienta, sino un componente clave de los sistemas de protección del futuro. Y detrás de esa tecnología emergen perfiles profesionales que combinan conocimiento técnico, visión estratégica y compromiso ético, redefiniendo el liderazgo en una industria en plena transformación.
FOTO: SIMALCO
