OCDE plantea más inversión en tecnología, riego e infraestructura para agro de LATAM
La región mantiene fuertes diferencias en sus políticas de apoyo al sector agrícola, mientras enfrenta el desafío de elevar la productividad, adaptarse al cambio climático y fortalecer su competitividad en los mercados internacionales.


América Latina y el Caribe necesitan reorientar parte de sus políticas agropecuarias hacia investigación, tecnología, infraestructura hídrica, trazabilidad y servicios públicos especializados para elevar la productividad y enfrentar los efectos del cambio climático, de acuerdo con tendencias y recomendaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) analizadas por CAF.
El análisis, elaborado por Nelson Larrea, ejecutivo principal de la Dirección de Análisis y Evaluación Técnica de Sector Privado de CAF, parte del reciente informe Políticas para el futuro del sector de la agricultura y la alimentación en Perú, desarrollado por la OCDE y el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI) en el marco del proceso de adhesión del país sudamericano al organismo internacional.
La OCDE utiliza diferentes indicadores para evaluar cómo los gobiernos respaldan al sector, distinguiendo entre transferencias dirigidas a productores, efectos sobre los consumidores y recursos destinados a servicios generales, entre ellos infraestructura, investigación, extensión agrícola, sanidad e innovación.
Los datos disponibles hasta 2023 muestran una marcada heterogeneidad en América Latina.
Chile, Paraguay y Argentina destacan en servicios para el agro
Según datos de Agrimonitor citados en el análisis, Chile destinaba 54,7% de sus apoyos agrícolas a servicios generales, mientras Paraguay alcanzaba 53,9% y Argentina 41,3%. En este rubro se incluyen inversiones relacionadas con investigación agropecuaria, servicios sanitarios, infraestructura productiva y sistemas de innovación.
En cuanto al apoyo directo a los productores, Chile registraba un nivel de 25,2%, seguido por Paraguay con 22,4% y Brasil con 19,1%.
Argentina presenta una situación diferente. Su indicador de apoyo al productor era negativo, con -19,3%, lo que refleja una transferencia de recursos desde los productores hacia otros sectores de la economía. Además, era el único país analizado con un apoyo total negativo, de -1,9%.
En contraste, Costa Rica registraba el mayor apoyo total al sector, equivalente a 3,15% de su PIB, seguida por Colombia, con 1,1%.
El impacto de las políticas sobre los consumidores también varía considerablemente. Perú (-33,7%), Paraguay (-30,6%) y México (-23,1%) presentaban algunos de los indicadores negativos más elevados, asociados con precios internos más altos derivados de mecanismos de transferencia hacia los productores.
Agtech gana terreno en América Latina
Una de las principales recomendaciones es fortalecer los institutos nacionales de investigación agropecuaria y acelerar la incorporación de digitalización, Agtech y servicios de extensión digital.
La región ya cuenta con un ecosistema tecnológico en expansión. De acuerdo con el Radar Agtech 2026, elaborado por IICA, EMBRAPA, SP Ventures y Homo Ludens, existen 2.656 startups tecnológicas vinculadas con el sector agropecuario en América Latina y el Caribe.
Brasil concentra ampliamente este mercado con 2.075 empresas, seguido por Argentina con 158, México con 110 y Colombia con 79.
Sin embargo, el desarrollo de las instituciones públicas dedicadas a investigación, desarrollo e innovación agrícola continúa siendo desigual. Entre los modelos regionales más consolidados destaca la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA).
Riego, logística y trazabilidad, entre las prioridades
La agenda planteada por la OCDE también pone énfasis en las inversiones en riego y drenaje, especialmente ante escenarios de mayor estrés hídrico, sequías e inundaciones asociados con la variabilidad climática y fenómenos como El Niño.
La infraestructura no se limita al manejo del agua. La región requiere mejorar carreteras rurales y accesos a mercados, sistemas logísticos y cadenas de frío, tanto para aumentar la competitividad como para disminuir las pérdidas de alimentos.
Otro frente estratégico es la denominada infraestructura de calidad, que incluye sistemas de trazabilidad y laboratorios capaces de responder a las nuevas exigencias del comercio internacional.
Estas capacidades cobran mayor importancia frente a regulaciones ambientales y sanitarias internacionales, como las disposiciones europeas contra productos asociados con la deforestación, así como los límites de residuos de pesticidas y los requisitos de inocuidad alimentaria.
Los sistemas de información también forman parte de la agenda. Censos agropecuarios, estadísticas y observatorios especializados pueden aportar información para anticipar riesgos climáticos, evaluar mercados y orientar tanto inversiones privadas como decisiones de política pública.
Más productividad podría reducir hambre y emisiones
La incorporación de tecnología podría tener efectos que van más allá de la rentabilidad del sector.
El informe conjunto Perspectivas Agrícolas 2025-2034 de la OCDE y la FAO plantea que un escenario en el que las inversiones tecnológicas permitan incrementar 15% la productividad agrícola podría reducir significativamente la subalimentación mundial durante ese periodo.
Si esas tecnologías son además climáticamente inteligentes, el mismo escenario podría generar una reducción de 7% en las emisiones de gases de efecto invernadero.
Para América Latina y el Caribe, una de las principales conclusiones es que el futuro del agro dependerá no solo del nivel de apoyo financiero que reciba el sector, sino de cómo se asignen esos recursos.
El fortalecimiento de la investigación, la innovación Agtech, la infraestructura hídrica y logística, los sistemas de trazabilidad y la información sectorial aparece así como una agenda estratégica para elevar la productividad y, al mismo tiempo, preparar al sector agropecuario regional frente a un entorno climático y comercial cada vez más exigente.

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