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One-on-one meetings: ¿Pérdida de tiempo o activo estratégico para el liderazgo?

En la agenda del C-level, una conversación individual bien ejecutada puede marcar la diferencia entre retener talento clave o perderlo.

5/1/2026
pareja trabajando
Redacción Simalco
Redacción Simalco

En un entorno corporativo donde el tiempo es uno de los recursos más escasos y caros, muchos ejecutivos de alto nivel se preguntan si las reuniones individuales con sus reportes directos realmente justifican su espacio en la agenda. ¿Son necesarias o simplemente una práctica heredada del management tradicional? La respuesta, respaldada por datos y experiencias de compañías de alto rendimiento, es clara: los one-on-one meetings, bien diseñados y ejecutados, son una de las herramientas más potentes del liderazgo moderno.

Lejos de ser reuniones operativas o revisiones de tareas, los one-on-ones son espacios de alto valor estratégico. Según Harvard Business Review, los empleados que tienen reuniones individuales regulares con sus líderes son tres veces más propensos a estar comprometidos con su trabajo. Cuando se diseñan correctamente, estas reuniones ofrecen un espacio para alinear prioridades, identificar bloqueos, fortalecer relaciones y detectar señales tempranas de desmotivación o desgaste. El autor Paul Axtell lo define sin rodeos: “El one-on-one es posiblemente la herramienta más importante para el liderazgo porque crea un espacio exclusivo para escuchar, alinear y construir confianza”.

Ignorar este tipo de instancias puede tener costos tangibles. Un estudio de Gartner estima que la salida de un colaborador clave puede costar a la organización hasta el 250% de su salario anual, considerando pérdida de conocimiento, disrupción operativa y el costo de reemplazo. En muchos casos, lo que motiva la salida no es el salario, sino la falta de conexión o la sensación de invisibilidad. Las conversaciones individuales permiten identificar estas tensiones antes de que se conviertan en problemas estructurales.

No se trata de supervisar tareas ni microgestionar, sino de habilitar el talento. Un buen one-on-one aborda obstáculos al desempeño, clarifica expectativas, explora ambiciones profesionales y genera alineamiento estratégico. Ben Horowitz, cofundador de Andreessen Horowitz, sostiene que el objetivo principal del líder en estas reuniones es “entender lo que el colaborador sabe y tú no sabes”. Esa asimetría de información, si no se aborda a tiempo, puede convertirse en un riesgo operativo o reputacional.

Para los ejecutivos C-level que enfrentan agendas complejas, es posible institucionalizar estas reuniones sin perder eficiencia. Lo óptimo es una frecuencia quincenal o cada tres semanas, con una duración de 30 a 45 minutos, agenda compartida y espacio para feedback bilateral. Satya Nadella, CEO de Microsoft, lo resume así: “El trabajo del líder no es tener todas las respuestas, sino hacer las preguntas correctas”.

En un contexto donde la velocidad de cambio exige adaptabilidad humana, pensamiento crítico y colaboración transversal, los one-on-ones son una inversión de alto retorno. Ignorarlos es liderar con los ojos vendados. El verdadero liderazgo se construye en la conversación individual, donde se escucha sin filtros y se decide con contexto.

Foto: Jack Sparrow