Llamado a LATAM: Sequía costó casi US$1.000 millones al Canal de Panamá
La sequía evidenció cómo la escasez de agua puede paralizar cadenas globales de suministro y erosionar ingresos públicos.


La reciente sequía que redujo el tránsito por el Canal de Panamá dejó algo más que una alerta climática: puso cifras al impacto económico de no proteger el capital natural. Las restricciones de agua dulce necesarias para operar la vía interoceánica costaron cerca de US$1.000 millones, según se expuso en el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, organizado por CAF – banco de desarrollo de América Latina y el Caribe.
El dato fue subrayado por Juan Carlos Navarro, ministro de Ambiente de Panamá, durante el panel “Los Retos y Oportunidades de la Acción Climática y la Biodiversidad: ALC Región de Soluciones”. Su mensaje: la biodiversidad y el agua no son temas ambientales secundarios, sino infraestructura económica estratégica. “La riqueza natural de América Latina es su gran ventaja competitiva en el mundo de hoy”, afirmó, al explicar que sectores como energía, agro, ecoturismo y logística —incluido el Canal— dependen directamente de la disponibilidad hídrica.
De crisis climática a riesgo financiero
La sequía evidenció cómo la escasez de agua puede paralizar cadenas globales de suministro y erosionar ingresos públicos. Menos tránsitos significaron menos peajes, mayores costos para navieras y presión fiscal adicional. Para los panelistas, el episodio resume un problema mayor: seguir tratando los recursos naturales como costos a minimizar y no como activos a proteger e invertir.
Desde Ecuador, la ministra de Energía y Minas, Inés Manzano, presentó un enfoque integrado que coloca al agua en el centro de la planificación nacional. “Sin agua no hay conservación, no hay minería, no hay energía”, sostuvo, al defender políticas públicas que articulen ambiente, energía y sectores productivos bajo una misma visión. También llamó a acelerar la inversión en ciencia, innovación verde y patentes asociadas al uso sostenible de los ecosistemas.
Biodiversidad: la “moneda” regional
Gustavo Manrique, exministro del Ambiente, Agua y Transición Ecológica de Ecuador, fue directo: “Nuestra moneda es la biodiversidad. El desafío es valorarla viva”. Para él, América Latina y el Caribe —que concentran cerca del 40% de la biodiversidad del planeta— poseen un capital natural capaz de generar ingresos, empleo y estabilidad social si se conecta con modelos productivos sostenibles, en lugar de esquemas extractivos de corto plazo.
En la misma línea, Rachel Biderman, vicepresidenta senior para las Américas de Conservación Internacional, destacó que la región ya cuenta con casos concretos donde naturaleza y economía avanzan juntas: carbono azul en manglares, bioeconomía amazónica y canjes de deuda por naturaleza. “La bioeconomía no es un nicho, es la economía del futuro”, afirmó, al subrayar que el reto está en marcos regulatorios claros y mayor confianza del sector privado.
Lección para la región
El consenso fue inequívoco: la sequía del Canal de Panamá puso precio a la falta de resiliencia ambiental. Para América Latina y el Caribe, el llamado es estratégico. Ver el agua, los bosques y la biodiversidad como activos económicos —y no como externalidades— es condición para sostener competitividad, reducir riesgos fiscales y liderar soluciones climáticas a escala global.
La conclusión apuntó a acelerar la cooperación regional, la innovación verde y las políticas que permitan transformar el capital natural en crecimiento sostenible e inclusión productiva. Porque el caso panameño dejó una lección clara para LATAM: cuando la naturaleza falla, la economía paga en dólares.
Foto: captura

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