Huella hídrica vs. huella de agua: por qué los líderes deben entender la diferencia
La huella de agua, basada en la norma ISO 14046, agrega algo que la huella hídrica no contempla del todo: los impactos ambientales asociados al uso del agua.
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Cada vez más juntas directivas están entendiendo que el agua dejó de ser un recurso “asegurado”. De acuerdo con un estudio de BBVA, hoy es un riesgo operativo, financiero y reputacional. En este contexto, dos métricas se han vuelto imprescindibles para cualquier compañía que quiera anticipar regulaciones, cumplir estándares ESG y garantizar continuidad operativa: la huella hídrica y la huella de agua.
Ambas parecen similares, pero sus diferencias definen quién está gestionando el riesgo hídrico… y quién sólo está contando litros.
Huella hídrica: el mapa completo del agua que usan los negocios
La huella hídrica nació en 2002 y hoy es un estándar extendido en sectores como agricultura, alimentos, bebidas, retail, energía y manufactura. Su objetivo es sencillo: medir todo el volumen de agua dulce que requiere un producto o proceso, desde la materia prima hasta el consumidor final.
Su fuerza está en la transparencia de la cadena de valor. Por ejemplo: Una taza de café requiere 140 litros de agua; Una camiseta de algodón necesita entre 2,000 y 2,700 litros; Una hamburguesa completa supera los 2,400 litros; La agricultura representa alrededor del 70% del agua dulce utilizada a nivel global (FAO).
Tres componentes permiten entender de dónde viene esa agua:
Verde: lluvia infiltrada en el suelo.
Azul: agua dulce extraída de fuentes superficiales o subterráneas.
Gris: litros necesarios para diluir contaminantes generados en la producción.
Este enfoque es especialmente útil para empresas que buscan identificar “hotspots” en sus cadenas de suministro y reducir riesgos en cuencas vulnerables.
Huella de agua: medir el consumo… y también el impacto
La huella de agua, basada en la norma ISO 14046, agrega algo que la huella hídrica no contempla del todo: los impactos ambientales asociados al uso del agua.
Esto incluye: La presión que ejerce una operación sobre una cuenca, la disponibilidad real del recurso en esa región, efectos sobre ecosistemas, cambios en calidad de agua, y riesgos futuros por sequía o sobreexplotación.
Mientras que la huella hídrica responde “cuánta agua usamos”, la huella de agua ayuda a responder “qué significa para el entorno que usemos esa agua”.
Para las áreas de sostenibilidad, riesgos y operaciones, esta diferencia es crítica.
Tres diferencias clave que importan en la sala de juntas: la huella hídrica, impulsada por Water Footprint Network, nació para visibilizar el uso del agua, mientras que la huella de agua se creó como un estándar ISO para evaluar el impacto ambiental. La primera mide el volumen directo e indirecto utilizado, y la segunda analiza volumen más impactos, expresados en metros cúbicos equivalentes. En adopción corporativa, la huella hídrica está más difundida y es fácil de implementar, mientras que la huella de agua es más técnica y precisa, aunque aún está en expansión. El dato que los ejecutivos no pueden ignorar: el mundo vive una presión hídrica sin precedentes; 2,000 millones de personas no tienen acceso a agua potable, 3,600 millones carecen de saneamiento seguro y el 80% de las aguas residuales se vierte sin tratamiento adecuado, según la ONU.
Para 2030, la demanda global de agua superará la capacidad de suministro en un 40% (World Resources Institute). Esto significa que cualquier negocio que dependa de agua —directa o indirectamente— está expuesto a: interrupciones en su cadena de suministro, mayor escrutinio regulatorio, conflictos con comunidades, costos crecientes, presión de inversionistas ESG y riesgos reputacionales.
Por qué los líderes necesitan estas métricas ahora
Las empresas ya no pueden gestionar el agua solo desde la eficiencia interna. El enfoque moderno —y que los inversionistas exigen— implica entender: dónde se encuentra el mayor riesgo hídrico, cuánta agua es realmente necesaria para operar, cómo afecta la operación a la cuenca local, qué proveedores operan en zonas de estrés hídrico, y cómo mitigar esos impactos.
Como explica la investigadora Maite M. Aldaya: “Necesitamos estándares comunes y datos comparables para entender qué podemos hacer para mejorar la gestión del agua”.
Para los ejecutivos, esto se traduce en decisiones más informadas, planes de resiliencia hídrica y reportes ESG creíbles.
El punto final: medir es gobernar
La huella hídrica muestra el consumo.
La huella de agua muestra el impacto.
Y para un mundo que vive su mayor crisis hídrica en décadas, dominar ambas métricas es clave para que las empresas sigan operando, cumplan con las expectativas de los mercados y construyan estrategias que realmente reduzcan su riesgo ambiental.
FOTO: Tom Fisk
*Este artículo fue elaborado con ayuda de la inteligencia artificial, curado y editado por periodistas de Simalco.

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