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9/10/2024

Canadá, EE.UU. y América Latina: Nuevas fronteras en la cooperación en seguridad

Por Othón A. León, director del Canadian Centre for Strategic Studies
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Redacción Simalco
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En un movimiento sin precedentes, Canadá ha designado a siete grupos criminales latinoamericanos como organizaciones terroristas, sumándose a una estrategia previamente adoptada por Estados Unidos. Esta medida, que incluye a cárteles mexicanos y pandillas centroamericanas, marca un giro en la política exterior de seguridad del país, tradicionalmente más enfocada en el desarrollo y la cooperación diplomática.  

El crimen organizado en América Latina representa un desafío transnacional, con redes que operan más allá de las fronteras nacionales, afectando no solo a sus países de origen, sino también a Canadá y EE.UU. a través del tráfico de drogas, la trata de personas y el blanqueo de capitales.

Históricamente, Canadá ha adoptado un enfoque más limitado, participando en iniciativas conjuntas de combate al narcotráfico y el lavado de dinero a través de organismos multilaterales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y la ONU. Más recientemente, Canadá ha destinado fondos a la capacitación de fuerzas policiales en la región, aunque sin la misma intensidad que Estados Unidos.  Sin embargo, la nueva designación sugiere una postura más activa de Canadá en la lucha contra el crimen organizado.

Ante este nuevo panorama, surgen preguntas clave: ¿Cómo afectará esta designación la cooperación entre Canadá y América Latina? ¿Se intensificará la relación de seguridad entre Canadá y EE.UU.? Y, sobre todo, ¿qué cambios se esperan en las estrategias de inteligencia y vigilancia internacional?  

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Implicaciones de la nueva designación en la cooperación con EE.UU.

Estados Unidos y Canadá han sido socios estratégicos en cuestiones de seguridad durante décadas, compartiendo información a través de agencias como la DEA, el FBI y el Servicio de Inteligencia de Seguridad de Canadá (CSIS). Con esta nueva clasificación de grupos criminales como organizaciones terroristas, se espera que ambos países fortalezcan el intercambio de inteligencia y coordinen operativos conjuntos para debilitar las redes transnacionales.  

Entre las posibles áreas de cooperación reforzada destacan el uso de bases de datos compartidas para rastrear movimientos financieros vinculados a estas organizaciones, una mayor vigilancia en la frontera común para evitar la infiltración de elementos criminales en Canadá y la ampliación de la cooperación en ciberinteligencia para rastrear comunicaciones encriptadas y transacciones ilícitas en la dark web.  

Esta medida también podría influir en la política migratoria canadiense, ya que las autoridades podrían endurecer los controles sobre solicitantes de asilo provenientes de países donde operan estos grupos criminales, argumentando razones de seguridad nacional.

Primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, en una mesa redonda.
Canadá también anunció US$ 910 millones para aumentar la seguridad fronteriza. (Foto: Justin Trudeau Flickr)

Efectos en la cooperación con países latinoamericanos  

Uno de los mayores desafíos de esta designación será su impacto en las relaciones diplomáticas entre Canadá y América Latina. Mientras que algunos países, como Colombia y México, han expresado su apoyo a un enfoque más agresivo contra el crimen organizado, otros gobiernos han manifestado su preocupación por el impacto que esto podría tener en la estabilidad de la región.

Algunas posibles repercusiones incluyen una mayor presión sobre gobiernos latinoamericanos para que adopten políticas de seguridad alineadas con la estrategia de Canadá y EE.UU., un mayor financiamiento canadiense para capacitación y equipamiento de fuerzas de seguridad en la región y tensiones diplomáticas con países que perciban la medida como una injerencia en sus asuntos internos.  

Desde un punto de vista estratégico, fortalecer los lazos en materia de inteligencia entre Canadá y los gobiernos latinoamericanos podría ser un arma de doble filo, ya que, en algunos casos, la filtración de información sensible a redes criminales ha sido un problema recurrente en la región.  

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Posibles escenarios futuros  

Ante esta nueva realidad, se pueden contemplar tres posibles escenarios para la cooperación en seguridad entre Canadá y América Latina:  

En el primer escenario, Canadá podría incrementar su rol en América Latina mediante acuerdos de seguridad bilaterales, el envío de asesores de seguridad y el financiamiento de programas de formación policial y militar. Esto conllevaría un fortalecimiento de las capacidades de inteligencia en la región, con la creación de centros de monitoreo y análisis de amenazas criminales.

En el segundo escenario, además de la designación como terroristas, Canadá podría implementar sanciones económicas dirigidas a individuos y empresas vinculadas a estos grupos, bloqueando el acceso a sistemas financieros y restringiendo operaciones comerciales. En este contexto, la cooperación en inteligencia financiera jugará un papel crucial para rastrear y desmantelar redes de lavado de dinero asociadas con estas organizaciones.  

El tercer escenario plantea que algunos gobiernos latinoamericanos podrían rechazar la estrategia canadiense, argumentando que la criminalidad debe ser abordada desde un enfoque de desarrollo y no solo con medidas punitivas. Esto podría derivar en una menor cooperación en intercambio de inteligencia, lo que afectaría la efectividad de la estrategia canadiense.  

Si bien estos objetivos buscan debilitar redes delictivas y fortalecer la cooperación en inteligencia, también genera desafíos diplomáticos con América Latina. A nivel interno, Canadá deberá reforzar la vigilancia en ciudades como Vancouver, Toronto y Montreal, donde operan redes vinculadas al narcotráfico y lavado de dinero. También existe el riesgo de represalias por parte de estos grupos, lo que podría aumentar la sofisticación de sus actividades o provocar desplazamientos hacia otros países.  

El éxito de esta estrategia dependerá de su implementación efectiva, del equilibrio entre seguridad y diplomacia y de la capacidad de Canadá para evitar efectos adversos. La gran incógnita es si contribuirá a la estabilidad hemisférica o generará nuevas tensiones en la región.

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